lunes, 4 de agosto de 2008

"Escribir"

Para compartir. O tal vez para esconderse en la soledad del papel. Para intentar llegar a una multitud. O para encontrarse a uno mismo. Para construir mundos que no existen en la realidad. O para intentar que la realidad se acerque más a ese mundo soñado. Para denunciar. Para reírse. Para sanar nostalgias.

Para jugar con las palabras. Para retar al sueño. O para ayudar a que éste llegue. Para recrear pasados que nunca se fueron del todo. Para tejer futuros. Para tocar la libertad con las yemas de los dedos…

Son miles y tan variadas como las miradas las razones que llevan a uno a decidir escribir. Puede que muchos incluso lleguen a morir sin saberlo. Otros tantos nos han regalado sus razones, haciendo de ese porqué un lema en su vida. “Uno es novelista porque no puede no serlo”, declara la española Rosa Montero, hija “estrictamente del boom latinoamericano”, como ella misma admite, quien no duda que “escribir es amar”.

Pero el amor, como cualquier batalla, no está exento de vaivenes, no se libra de su cara más amarga. Y por eso, lejos de esa visión romántica de la literatura, nadie duda hoy que casarse con las palabras es casarse también con el sufrimiento. “Un escritor es como un artillero. Está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco más abajo de su meta”, sostiene Enrique Vila-Matas, y añade:

“Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura”.

Y sin embargo, algunos seguimos atados al sueño de escribir. Puede que sin un objetivo concreto. Sin la intención de convertirnos en alguien por el mero hecho de usar las palabras. Quizás más por transmitir que por narrar. Más por querer recrear que por aspirar a innovar. Sólo sabemos que nos gusta escribir y que eso no es algo que se pueda silenciar.

Cuando decidí crear este blog, y en medio de la incertidumbre de escoger un nombre para bautizarlo, un buen amigo me propuso titularlo. “Confieso que escribo”. Bueno, la confesión está hecha, pero en cualquier caso, me parecía demasiado grandioso tirar por ese camino.

Y sí, escribo desde hace años. No puedo decir qué edad tenía la primera vez que tomé conciencia de que lo hacía. Solo recuerdo que, antes de hacer un giro rebelde en mi vida, escribía poemas en la casa de mis padres y se los leía en la cama. Luego las obligaciones escolares me pusieron a prueba de profesores y tutores que nunca dudaron que mi opción eran “las letras”. Llegué a hacer enloquecer a más de uno con la obsesión, en una determinada época, de estudiar aeronáutica.

Yo sólo quería observar la tierra desde otra óptica, mucho más completa, reservada hasta entonces a unos pocos, y sin duda más lejana. De alguna forma, quería resolver porqués, conocer las interminables dudas que rodean el misterio del universo. Todavía hoy me pregunto como funciona ese engranaje que permite que todo gire con tal perfección. Sólo que ahora a esas dudas se le sumaron muchas otras. A algunas no consigo encontrarles respuesta. Otras he aprendido a resolverlas.

Sea como sea, nunca me atormentaron tanto como para enloquecer. Más bien al contrario, se convirtieron en esencia de esta profesión para lo cual existe el consenso generalizado de que el único ingrediente básico es la curiosidad. Escribir bien ayuda, incluso es necesario, en ocasiones. Pero nunca es requisito indispensable. Porque en cualquier caso, aunque hermanos, la literatura y el periodismo, no siempre se dan de la mano.

De hecho, escribí desde mucho antes de descubrir el mundo del periodismo. Al principio por el placer de encadenar palabras. Luego por obligaciones escolares. Algunas veces por poner orden ideas y sentimientos. Y siempre, siempre, sentí que existe algo de mágico en el malabarismo de construir frases. Por eso, nunca he dejado de hacerlo, aunque en algunas épocas lo haya necesitado menos que en otras.

Escribo porque me fascina ese estado en el que uno se entrega al papel. Porque hacerlo significa huir, escapar a otra dimensión, perderse en uno mismo. Porque me fascina crear. Porque se hizo costumbre el escribir mentalmente las mejores sensaciones que he sentido, los viajes más inéditos y las huellas más latentes del compartir. Porque tras hacerlo, siento que algo se calma. Y de no hacerlo, me reprocho caer en la desidia, en la pereza.

Por eso, después de tiempo de darle vueltas, de temer el espacio cibernético por cuanto te exhibe ante los demás, decidí crear este blog. No como el rincón donde consagrarme a la literatura porque no estoy convencida de que me seduzca más que el periodismo escrito. Y es que como admite kapuscinski en “Los cínicos no sirven para este oficio”, existen escritores que crean sus grandes obras desde el sedentarismo de su casa y otros que se alimentan del viajar. Con la gran distancia del caso, yo siento también que aquello que más alimenta mi espíritu no se encuentra entre los libros de mi despacho sino en las vidas de otros y las tierras de continentes todavía desconocidos. Por eso, el fanatismo por la crónica. Por eso, la pasión por los viajes.

Y aún así, me he decidido a escribir este blog. Porque siento que este arte, como cualquiera, requiere de dedicación. Porque en las líneas escritas en un Word que no te exponen al mundo, uno se encuentra siempre preguntándose “porqué escribes” y "a quien se lo dices". Porque al abrirte a todo aquel que quiere husmear por estas líneas me obligo a escribir mejor y con más frecuencia. Porque no puedo soñar con una gran crónica de viajes sin estos retales de vida. Pero sobretodo, para que, como reclama Manolo García, “no se duerman mis sentidos”.

“Viaje a Kalima” es mi espacio pero también el de todos aquellos que me quieran seguir desde el sitio del mundo en que me encuentre en cada momento. Su nombre, en origen provisional, pero cada vez más definitivo, reúne dos de las palabras que más cerca siento: los viajes y la kalima, ese aire que sopla en las costas de Lanzarote y que, a menudo, trae partículas de África. Con el sueño de visitar pronto ese continente y la motivación por conocer siempre nuevas culturas y nuevos países, inauguro este blog. No sin antes regalarles la mejor descripción del escribir que he leído... Espero la disfruten:


“No se escribe por una razón, sino por varias, cuya importancia varía según las épocas y el estado espiritual del escritor. Personalmente, y sin que el orden implique prioridad, escribo porque es lo único que me gusta hacer; porque es lo más personal que puedo ofrecer (aquello en lo que no puedo ser reemplazado); porque me libera de una serie de tensiones, depresiones, inhibiciones; por costumbre; por descubrir, por conocer algo que la escritura revela y no el pensamiento; por lograr una bella frase; por volver memorable, aunque sea para mí, lo efímero; por la sorpresa de ver surgir un mundo del encadenamiento de signos convencionales que uno traza sobre el papel; por indignación, por piedad, por nostalgia y por muchas otras cosas más”.
JULIO RAMON RIBEYRO

3 comentarios:

Lidia dijo...

Bichooooo,
Pasito a paso todo se consigue, no? Y por fin inauguraste tu camino de escritora exhibicionista, jeje.

Me encanta, como siempre. Por lo que hay de ti, incluso alguito de mi (y de tantos y tantas otros y otras...) en este blog que no me perderé.

Un honor inaugurar tu apartado de "comentarios".

Te quiero,

Lidia

PD. Por cierto, y llámame tiquismiquis, pero la cita de "que no se duerman mis sentidos" no es de Fito, sino de Manolo García!!!

Didi dijo...

Escribir para sentir que vivimos, que dejamos huella, que algo tiene sentido. Escribir para poder mirar atrás, como quien toma una foto de una puesta de sol que no se repetirá. Escribir para capturar esas revelaciones que se producen sólo de vez en cuando, en el momento en que somos capaces de tejer conexiones entre la mente y el alma y, por unos instantes, creemos entender cómo funciona esto, los porques varios, la red que intentamos desemarañar cada mañana.

Leerte para estar más cerca de tí, donde tu corazón, tus ideales y tu voluntad decidan llevarte. Leerte para compartir ese chorro de energía y vida que transmites a los que te queremos sabiendo que tenemos que renunciar a tenerte cerca. Leerte para sentir ese torbellino que a veces casi nos ahoga pero nos sacude para recordarnos que tenemos que ser tan buenos y tan felices como en nuestros sueños y que no vale dormirse en los laureles ni quedarse contemplando la vida pasar (a no ser que ese sea nuestro objetivo). Leerte para entender mejor las palabras libertad, compromiso y valentía.

Transforma tu mirada en palabras, tus vivencias en historias, otras voces en denuncias.

Y nosotros te leeremos y te querremos.
Bienvenido blog, benvinguda!

Anónimo dijo...

Sobre por qué se escribe, migraciones, chinos; son muy buenos temas para empezar. Sin duda un anticipo de lo que nos espera con viaje a Kalima. Pero soy sincero al decir que lo verdaderamente encantador de este blog para mí, es que leerte es casi como escucharte hablar. Eso hace que disfrute aún más mi estadía. Que conste que ahora soy asiduo visitante de este blog, de modo que quedas obligada a colgar más textos. Espero que se convierta en un vicio para mí y muchos más.

Besos enana.

Enrique.